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Archivo de la etiqueta: Ateneo de La Calzada

Cecilia Alonso (Gijón, 1976) es profesora en la UP desde 2009. Comenzó dando clases de técnicas de relajación y luego con los cursos de memoria y gimnasia mental para mayores, risoterapia y algunos otros de Psicología. No era su primera experiencia docente, venía de impartir cursos para mayores en el Ayuntamiento de Oviedo. Le gusta trabajar con las personas porque tiene fe en la humanidad, opina que hay mucha gente que merece la pena y su experiencia en las aulas no hace más que corroborarle su teoría.

Durante una clase de técnicas de relajación en el Cerro Santa Catalina

Durante una clase de técnicas de relajación en el Cerro Santa Catalina

La UP no solo imparte cursos de disciplinas artísticas, informática o historia y arte; también tiene un apartado para la salud y en ese sentido, nuestra profesora opina  que «cumple una función social y terapéutica, especialmente en estos cursos en los que hay mucha gente que se apunta por hacer algo, porque está pasando momentos vitales dolorosos y necesitan salir de casa, estar con gente, a veces son sus hijos quienes les animan a venir ». Resalta la importancia de la parte social, tan terapéutica como los contenidos, esa función socializadora que hace tan importante la UP. Cuando se refiere a otras temáticas abordadas en la UP cree que «te permite trabajar tus intereses personales, seguir cultivándote, crecer como persona».

En general considera que la UP contribuye a incrementar la oferta cultural, que para ella «nunca será suficiente» y también a la formación de públicos. «La UP crea cultura y a la vez genera afición para que otros acudan a espectáculos, exposiciones, etc.»

Esta licenciada en Psicología y diplomada en Magisterio, especialidad de educación especial, también quería ser fisioterapeuta. Su perfil profesional es claramente social y disfruta desarrollando su labor en grupos. Sus escuelas de referencia son el humanismo y la psicología de tercera generación. Alcanzar una mejor calidad de vida, un mayor bienestar dentro de lo que es cada cual y de sus circunstancias es un objetivo diario para Cecilia.

Nuestra capitana de la risa y la sonrisa continúa un año más repartiendo buen humor, memoria y relax sin complejos, ni reparos, ni píldoras y con mucha satisfacción, la misma que nos produce contar con ella. Fofucha

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En febrero, ya no tendremos como profesoras de cocina a Carmen Menéndez Ardura y Rosa Mª Gonzalez Noval, estuvieron dando clases durante más de una década en la UP. ¡Se nos jubilan! Ambas fueron alumnas de la UP antes que profesoras. Carmen hizo cursos de asturiano, árboles de Asturias o baile tradicional y Rosa acudió a cursos de cocina y decoración del hogar. Establecieron una complicidad que las llevó a compartir cocina en el Ateneo de La Calzada en perfecta armonía y coinciden en afirmar que trabajaron muy a gusto juntas. También valoran la independencia y libertad que experimentaron en su trabajo. Sienten una verdadera satisfacción personal porque coincidieron con un gran número de personas y aprendieron un montón con ellas, no sólo de cocina, también de otras muchas cosas.

Carmen y Rosa con uno de los grupos en la cocina del Ateneo de la Calzada

Carmen y Rosa con uno de los grupos en la cocina del Ateneo de la Calzada

Carmen es autodidacta, empezó a dar clases en espacios que no eran muy adecuados para la cocina y cuando llegó a la UP se encontró como en casa, con un espacio más o menos equipado que le permitía desarrollar los cursos en buenas condiciones. Nada de sopas de ajo en microondas, nada de espacios sin agua o de fogones que no funcionaban. Ella era la encargada de impartir los cursos de Cocina y habilidades domésticas para hombres y nos cuenta que «al principio asistían hombres que lo necesitaban pues se habían separado o vivían solos, estaban cohibidos, en un espacio desconocido y tenían un gran interés, eran como esponjas». Ese perfil fue cambiando y ahora la cocina ya no les resulta un lugar tan ajeno. El último de esos cursos, en el que acabaron muy pocos alumnos, fue para ella el más nefasto de su carrera. En cambio, todos los demás los describe como maravillosos, por ejemplo masas dulces y saladas, cocina de fiambrera, cocinar en microondas, etc.

Rosa se inició en la cocina con su madre que era guisandera en un pueblo de León, asistió a cursos profesionales de repostería y fue alumna de Guiomar Leal en la UP, a la que sustituyo dando clases en las asociaciones de vecinos de Porceyo y Samartín de Güerces. Recuerda que no había casi material y «amasábamos sobre un hule que sujetaban cuatro personas por las esquinas para que no se enrollara, pero me trataron tan bien que quise seguir». Es conocida por su obsesión por la limpieza, su lema preferido es «los trapos limpios y las mangas para arriba». Su primer trabajo en la UP fue coordinando los cursos de cocinas del mundo, donde participaban muchos monitores de distintas nacionalidades (senegalesa, siria, marroquí, mexicana…) y confiesa que con ellos aprendió mucho. Posteriormente impartió cursos de cocina iniciación, cocina mexicana y repostería, que es la especialidad que más le gusta. Destaca las actividades conjuntas que se hicieron con otros cursos como fotografía o español para extranjeros en las que acababan compartiendo fotos y comida. Resultaban muy gratificantes pues había un intercambio de conocimientos y de experiencias.

Nuestras cocineras tienen previsto aprovechar mucho su tiempo libre. Seguirán yendo de monte, pasión que ambas comparten. Por su parte, Rosa quiere hacer cursos de informática en la UP y Carmen dice sin pensárselo dos veces que irá a manifestaciones y también se apuntará a cursos de la UP (el primero será teatro). Una gran noticia seguir contando con ellas, ahora de alumnas otra vez.

Desde aquí os decimos que fue un lujo teneros en nuestros fogones y un gran placer haber compartido todos estos años de docencia en la UP.

Nuestras profesoras se jubilan tras años de buen hacer en los fogones de la UP

Nuestras profesoras se jubilan tras años de buen hacer en los fogones de la UP

Sara Matilla es una de nuestras alumnas más jóvenes. Tiene 17 años y está haciendo Bachillerato en el Emilio Alarcos. Aún no tiene decidido que estudiará cuando termine en el instituto, si será Magisterio por la especialidad de idiomas o fotografía o ambas cosas. Lo que tiene claro es que no dejará la fotografía pues le encantaría dedicarse profesionalmente a hacer reportajes de boda y comuniones y «soñando un poco» trabajar para una revista de moda tipo Vogue como fotógrafa.  

La fotografía siempre formo parte de su vida, siempre tuvo una cámara en sus manos, pasó de la de juguete donde disparas y sale un payaso a una compacta en muy poco tiempo. Su padre es un gran aficionado, le enseño a revelar fotografía aunque la analógica no le apasiona. Le gusta más la posibilidad de editar y retocar con el ordenador y sobretodo le encanta la inmediatez de la fotografía digital. Pero su «obsesión» como ella lo califica, surgió a los 12 años.  Sara bailaba balé,  sufrió una lesión que la alejo de las tablas y fue entonces cuando se interesó por la fotografía. Aprendió de forma autodidacta ayudada por Internet y asistiendo a algún curso de fin de semana. A los 14 años ya tenía una cámara réflex digital. El pasado año, cuando alcanzó la edad requerida en la UP,  empezó a asistir a cursos de: fotografía avanzada, composición, uso del flash de mano… Eligió la Universidad Popular pues su madre se la recomendó ya que también fue alumna y resultaban más asequibles. De su paso por estos cursos destaca lo mucho que aprendió y le encantó tratar con gente con las mismas inquietudes independientemente de la disparidad de  edad, ya que ella siempre era la más joven. Había gente mucho mayor «como sus padres», pero nunca se sintió desplazada. Dice también que las salidas en el curso le sirvieron para aprender más y conocer a sus compañeros en acción con los que todavía sigue quedando para hacer fotos.

El pasado año se hizo ya con una cámara profesional, fue difícil convencer a sus padres pero al final cayó para Reyes;  estos últimos fueron ayudados por una beca que recibió por acabar la ESO con buenas notas. Hace menos de un año que la tiene pero ya le encargaron algún reportaje de bodas, comuniones y bautizos. Sus fotos se pueden ver en su facebook.

Este cuatrimestre no se matriculará en ningún curso ya que  quiere centrarse en sus estudios, aunque no descarta en un futuro próximo apuntarse algún otro relacionado con las nuevas tecnologías o alguna artesanía.

Bienvenida Sara, no dudamos que una imagen vale más que mil palabras.

Sara y su inseparable amiga, la cámara de fotos

Sara y su inseparable amiga, la cámara de fotos