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Artesanía

Ana Vega es artesana, y orgullosa de serlo. Su  vinculación a la UP comienza en 1982, con la primera programación de cursos.

Recuerda cómo en aquel momento, quizá  con el movimiento hippie, se revalorizaron las artesanías, y la UP se hizo eco programando un  taller de telar. «Empezamos con un curso corto, llevando mi bastidor de alto lizo debajo del brazo y programando hilado, teñido, alto lizo y bajo lizo. ¡Todo en 40 horas! ¡Arrasamos!  Fuimos siempre a más». Al comienzo del segundo curso, ya estaba montado el  taller en la Casa de Nava, con varios telares y mucha luz. Allí los cursos ya eran de 120 horas, centrados en cada técnica por separado. Y no estaban solos: había talleres de diseño, dibujo, pintura, cerámica, fotografía,… con los que intercambiar experiencias y poder hacer actividades conjuntas y  exposiciones.

Antiguo taller de telar de la UP en la Casa de Nava donde Ana impartió clases varios años.

Antiguo taller de telar de la UP en la Casa de Nava donde Ana impartió clases varios años. (Foto: Juan Carlos Tuero)

Para Ana Vega, uno de los mayores valores de aquella experiencia fue el cambio radical que supuso para muchas mujeres que se acercaban al taller con cierta afinidad con lo textil, aunque para ellas  tejer era sólo algo que tener entre las manos, porque – como algunas decían-«no sé estar delante la tele sin hacer nada».  Para esas mujeres, tejer pasó de ser una ocupación a convertirse en una actividad planificada y creativa, una opción individual, una forma de encontrar un tiempo para ellas. Además, también supuso  la incorporación de hombres a la artesanía textil.  «Me gusta enseñar y creo que soy buena enseñando, porque pretendo precisamente enseñar lo que sé, dar lo que tengo. Pero lo que más me interesa es la técnica, e investigar»

Su primer bastidor no era otra cosa que un marco recogido de la basura. Le puso unos clavos y empezó a  jugar con los hilos. Poco después, la casualidad hizo que una amiga le ofreciese un telar de bajo lizo de 80 cm de ancho. «Monté hilos como para hacer una pulsera y pisando los pedales y probando aprendí». Pero no bastaba. Por entonces, sólo encontró una tejedora en Asturias. Era Anita, y estaba en Villanueva de Oscos. Contactó por teléfono y le dijo que no. Entonces, cogió la bicicleta y en tres etapas se plantó allí, y no tuvo más remedio. Hicieron un trato, cuando Anita recibiera un encargo, colocaría en el telar unos metros más de urdimbre de los necesarios  para poder practicar una vez listo el encargo.

tel�fono1A partir de ahí, su necesidad de seguir aprendiendo la llevó a Madrid, porque sólo allí podía hacer cursos especializados.

A su regreso, se sumó al proyecto de UP como profesora de telar y siguió al frente hasta 1994. Continuó con su taller en Cimavilla y sus tejidos hasta que en 2003 recibe una invitación de la CEE para participar en el programa PAOF de cooperación internacional para poner en marcha dos escuelas de artesanía textil en Uruguay. Se embarcó hasta 2008 en la tarea de sistematizar los programas de enseñanza y las técnicas, buscar proveedores de materiales y elaborar los textos necesarios. Las dos escuelas siguen funcionando.

Su tiempo entre telares está parado pero sigue navegando entre lanas, en un mar de fieltro, con el que experimenta diferentes aplicaciones, destacando la bisutería en la que está trabajando actualmente.

A veces trama, a veces urdimbre, Ana va dejando a su paso una estela de colores, brillos y texturas difícil de olvidar.

Laura Rodríguez Noval (Gijón, 1980) es Técnica Superior en Grabado y Técnicas de Estampación por la Escuela de Arte de Oviedo. Completó su formación de grabado durante un año en Litografía Viña y también cursó estudios de Restauración y conservación de bienes culturales y patrimoniales en la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias. También se formó como constructora de vitrales artísticos en Rivas Vidrio. Trabajó como restauradora de retablos, tallas, pinturas murales, y formó parte del equipo que restauró «La Iglesiona». Combina este trabajo con su labor docente,  y aunque siempre trabajó con público infantil,  desde octubre del pasado año es profesora de grabado en la Universidad Popular.

Su primer contacto con la UP fue como alumna de teatro con Felipe Ruiz de Lara, tenía 18 años «lo 20140219_105456pasé muy bien, estaba estudiando grabado, tenía que hacer un proyecto y me sirvió para relajarme y para inspirarme». También hizo cursos de cerámica con Toni Soriano y otros,  «siempre buscaba algo que me ayudara a completar mi formación, hacía seguimiento de las ofertas de la UP y me beneficié de ello porque hice cursos que me sirvieron». En su formación, Laura tocó casi todas las disciplinas artísticas porque  «siento verdadera pasión por el arte, ya sea creando, enseñando, restaurando o disfrutando como espectadora».

Ahora, como profesora dice que «la experiencia es muy buena, tengo mucha ilusión, estoy descubriendo cosas, conociendo a mucha gente y con proyectos de los que aprender y disfrutar». Define el ambiente del taller como el que se genera entre un grupo de amigos que se reúnen para trabajar, aprender y divertirse, «admiro mucho a los alumnos porque con su vida y sus trabajos, llegan al taller llenos de energía y proyectos, ponen mucho empeño y entusiasmo y eso no solo me facilita el trabajo sino que hace que me resulte muy gratificante». Describe la UP como una institución «que da opciones educativas que no hay en ningún otro sitio: buenas instalaciones, buenos precios y buen ambiente, para todos los públicos y con una variedad de temáticas que solo hay aquí».  Pero no es solo una diversión o una manera de relacionarse puesto que del taller de grabado ya salieron varias personas cuya obra fue seleccionada por Calcografía Nacional así como exposiciones individuales o colectivas. «Se trata de un taller muy prolífico en el que se experimenta con muchos materiales distintos, en el que se recicla y con un concepto de grabado muy contemporáneo, sin desdeñar las técnicas clásicas como el aguatinta y el aguafuerte». En este momento trabajan en dos proyectos expositivos, uno dedicado al Greco que se presentará en el Centro Municipal Integrado de El Llano en primavera y otro que es aún un secreto por desvelar, que se podrá disfrutar en el Centro de Cultura Antiguo Instituto en el mes de junio.

No es inusual entrar en el taller y encontrarse cartones de leche que utiliza para estampar, no es extraño verla reciclar los recortes de los recortes para crear arte. Lo que sí es cotidiano es que  Laura te reciba con su mejor sonrisa y con su buen hacer, con empeño y entusiasmo, tiñendo de arte cada rincón de este taller que ya es un clásico en la UP.

Ana  Isabel es profesora de marroquinería en la Universidad Popular desde 1999.  Su infancia la pasó en Australia, lo que le hizo conocer una sociedad multicultural, donde aprendió otras costumbres de vecinos italianos, checos, griegos… A los 11 años regresó a Asturias para cursar estudios. Desde siempre canalizó su creatividad a través de las manos, desarrollando grandes habilidades. Lo del cuero le vino de una forma casual, cuando sus hijos fueron  un poco mayores se apuntó a un curso de marroquinería que ofrecía  la Concejalía de la Mujer de Luanco. Desde ese momento quedó seducida por esta artesanía y siguió formándose asistiendo a cursos que ofrecían los Ayuntamientos o de forma privada.  Para ella «el cuero es muy vicioso,  ponerme a hacer cuero es un placer y me relaja».

Coqueteó con las ferias de artesanía y la docencia le llegó dando cursos a las AMPAS.  Ahí es  donde se percata de que la enseñanza  «no está nada mal, me gusta un montón dar clases y el contacto con la gente».  Así que abandonó las ferias por la docencia.  Se siente una mujer privilegiada,  por poder trabajar en algo que le encanta. «Dando clase hay que ser un poco psicóloga, pues cada persona llega con su historia y terminas involucrándote. Al mismo tiempo son  muy exigentes con los conocimientos y la manera en que estos  se transmiten».  Preocupada por las nuevas formas de enseñanza, en colaboración con el alumnado  ha empezado a adentrarse en la edición de manuales en soporte digital que cuelga en You Tube donde muestra el proceso de elaboración de diferentes piezas realizadas durante los cursos.

Nos cuenta «que para dar clases hay que conocer la materia y saber tratar al alumnado. Las clases de cuero han de ser creativas y para ello hay que estar  a gusto y relajado». En sus clases no se habla ni de fútbol ni de política.

También le gusta investigar, ver nuevas posibilidades que va incorporando sucesivamente en las programaciones de UP.  En estos momentos cuando el reciclaje y el ahorro se imponen,  le parece muy interesante el  aprovechamiento de  los recortes sobrantes de cuero. Por ello,  se está adentrando en el patchwork  a través de manuales japoneses. Otro aspecto  que incorpora  es el teñido de las diferentes pieles con anilinas para obtener colores diversos  que aplicará en  sus diseños. «Jugar con los colores es una pasada».

Ana tiene otra pasión  mucho más arriesgada que la marroquinería: el montañismo. No se conforma con realizar paseos los fines de semana si no que se dedica a escalar montañas tan emblemáticas para nosotros como Peña Santa, Urriellu y muchas otras cimas más de Picos de Europa y Pirineos. Esta mujer inquieta puede llegar muy alto.

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foto autorToni Soriano llegó a Gijón en 1978. Vino por amor. Por amor a una mujer pero además,  por amor a Asturias que lo sedujo en su primera visita. En Játiva dejó un puesto como responsable financiero de una empresa, quocupó durante ocho años. En aquellos tiempos ya era aficionado a la cerámica pero es aquí donde siente verdadero interés al verse fascinado por la cerámica negra tradicional asturiana «pues viene directamente del neolítico sin haber sufrido ninguna contaminación». Esto lo lleva a inscribirse en la escuela de Miranda de Avilés, donde permanece durante dos años. En sus creaciones utilizaba la técnica formal de la cerámica negra para crear nuevas expresiones a partir de formas no usuales, en su taller de Arroes.

Es en 1983 cuando comienza a dar clases en la UP y se encuentra con un espíritu de renovación en donde la cerámica y artesanías en general están adscritas al área artística. Reconoce que recibió una gran influencia en el plano creativo de sus compañeros de  Plástica entre los que estaban: Melquiades Álvarez, José de la Riera, Paco Fresno, José Ramón Muñiz y Fernando Redruello. Un año más tarde es becado por el Ministerio de Cultura para una estancia de estudio en Perugia (Italia) donde encuentra una realidad diferente en torno al mundo de la cerámica, lo que le lleva a frecuentar hasta ahora, primero como alumno y más tarde como profesor, una gran parte de la geografía italiana y con nuevas incursiones en Eslovenia. Desde 1987 es promotor de la Escuela Internacional de Verano de Gijón, lo que nos pone en el «punto de mira» de los mejores ceramistas del Mundo

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Una de las últimas instalaciones de Soriano en el Museo Antón de Candás.

Ha sentido una gran vocación didáctica desde sus comienzos en la UP, se encuentra muy cómodo dando clases a personas adultas pero se reserva un tiempo para que fluya el proceso creativo y así  desarrollar sus proyectos artísticos que han visto la luz en múltiples exposiciones  en: Játiva, Gijón, Candás,  Zaragoza, Granada, Milán…Nunca se ha querido desvincular de la docencia, pues aparte de sentir la UP como su propia casa, le satisface el trabajo y le entusiasma ver cómo evolucionan su alumnado en el arte. Esto le anima a organizar exposiciones de los trabajos realizados en el taller de cerámica de la UP, todos los años. Hasta el 30 de junio, se puede visitar La Tierra Prometida  en el Centro Municipal Integrado de El Llano que es fruto del trabajo realizado en el taller de proyectos cerámicos, su última producción.

Visón parcial de la exposición "La tierra prometida" en el CMI de El Llano

Visón parcial de la exposición “La tierra prometida” en el CMI de El Llano