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Artes escénicas

Casi por casualidad arribó a  la UP un verano en que se buscaba profesorado, casi por casualidad pero no del todo  ya que vivió en Gijón hasta que a  los 16 años se trasladó a Madrid para estudiar Arte Dramático en la RESAD. Su madre vivía aquí y ella volvió en esos días en que los veleros perfilan el horizonte de San Lorenzo. Vio un anuncio en que solicitaban profesorado para la UP y en 1984 comenzó a dar clases de teatro y expresión corporal.

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«Eran tantas las carencias culturales y tan grandes las ganas de aprender que la UP dio respuesta a esa necesidad acumulada durante tantos años. Dar respuesta a las inquietudes artísticas fue también otra de las grandes aportaciones de la UP a una ciudad que ya contaba con varias asociaciones teatrales pero en la que aún no existían compañías profesionales».  Marián Osácar reconoce hoy muchos rostros del teatro porque empezaron en la UP. Pero la UP no solo nutrió la profesión, también se creó una red permanente de públicos con muy buen criterio «porque no hay mejor manera de saber apreciar una puesta en escena que haber experimentado con técnicas teatrales».

 

Ve la UP como un espacio de trabajo colectivo donde sigue siendo posible asumir un mayor riesgo creativo porque no tiene la presión del mercado. En general considera que la UP sigue cubriendo esa oferta de materias no incluidas en la formación reglada y «sigue apostando por generar curiosidad e interés por los lenguajes artísticos, desarrollando habilidades, disfrute y enriquecimiento personal, a veces aplicables en la mejora y distinción de los C.V. de las personas asistentes». Para Marián la UP conserva un elemento esencial de sus inicios, poder compartir gustos y aficiones en grupos afines que, algunos de los cuales perduran.

 

Tras varios años desarrollando otras labores técnicas que la apartaron de las artes escénicas, volvió con fuerza cuando pasó a formar parte del equipo de FETEN en 1996 siguiendo a día de hoy al frente de la Feria que movía de aquella unas quince compañías y cincuenta personas acreditadas. Ahora que celebra sus 25 años, reúne a setenta y dos compañías de diecisiete países y de quince comunidades autónomas, con más de seiscientas personas acreditadas y más de ciento sesenta funciones en una feria que abraza todas las formas de expresión de las artes escénicas: teatro, danza, música… Habla con pasión de la feria y destaca la relevancia de un evento único en el Estado Español, un lugar de encuentro entre el mercado y las nuevas tendencias creativas de ámbito profesional y a su vez una oportunidad extraordinaria para que Gijón/Xixón disfrute de un festival que como tal, si no fuera feria, no sería posible organizar.

 

Para Marián, ya desde estudiante, siempre fue una prioridad la visibilidad y promoción de las artes del movimiento. A partir de 2000, apostó desde la FMCEyUP por dar un lugar a la danza contemporánea y las técnicas corporales como motor de creación, implicándose en la propuesta y puesta en marcha de un festival de danza, Danza Xixón, a partir de un congreso realizado en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. Tras 15 ediciones se puede ver el impacto en la ciudad de haber creado público específico de danza.

 

Como Jefa de Departamento de Promoción de las Artes en la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular que es, ve imprescindible destacar la importancia de la música e imagen en el tejido cultural de la ciudad. Comparte también espacios con el Taller de músicos que desarrolla festivales como el de Música Antigua o los talleres de Improvisación, o el Centro de Imagen con su ciclo anual de cine Peor Imposible. No duda en resaltar la profesionalidad de su equipo de trabajo al que considera altamente cualificado y que año tras año consigue que todos los eventos que organizan sigan creciendo, devolviendo a la ciudad el capital social que invierte, cumpliendo su labor como empleados/as públicos/as.

 

Nuestras felicitaciones por esos 25 años de FETEN… ¡¡¡y que cumpla muchos más!!!

 

La Universidad Popular y la asociación Alarde llevan vinculadas desde 1996 cuando se empiezan a impartir cursos de Danza y creación para adultos con discapacidad intelectual. Pasados dos años se amplía la oferta pública con talleres de música y otro taller de Danza que en la actualidad se siguen programando.

La Danza es el recurso que estrecha lazos en la colaboración continua entre Alarde y la Universidad Popular. Elena Reales es la profesora que imparte las clases con la monitora de apoyo,  Conchita Fernández. Los alumnos y alumnas, que bien se han ganado el título de «BAILARINES» por su formación, esfuerzo e ilusión, participan en diversos actos con representaciones coreográficas inspiradas en la capacidad de cada uno de ellos y su manera especial de transmitir emociones al público que les contempla.

Alarde pie

 

La asociación Alarde es una entidad sin ánimo de lucro constituida en 1995. Nació con la necesidad de tener un punto de encuentro de familias donde había al menos una persona con discapacidad. Empezaron a trabajar, como aquel que dice, dando palos de ciego porque ni la sociedad estaba preparada, ni las personas que iniciaban este proyecto sabían por donde caminar para favorecer el aprendizaje y mejorar el ocio de personas con otras capacidades.

Tras varios años de experiencia y éxitos, en 2008 se inaugura La Escuela de Arte Alarde, apoyada por el Ayuntamiento de Gijón. Es un centro abierto a la sociedad, que abarca la formación en varias disciplinas artísticas y que tiene por objetivo sembrar el gusto por el Arte. Este año 2014 el número de personas con capacidades diversas que participan en esta escuela asciende a 170.

Que el Arte siga abierto para «La Vida» y que nos dé la oportunidad de seguir creando con las capacidades de todos aquellos que se comprometen a buscar una mejora en su día a día.

Con la colaboración de Elena Reales

BRAVO ASTURIANISIMO

 

 

miguel aire 2Miguel Quiroga (Gijón, 1978) comenzó en la danza casi por casualidad, un desafío mientras jugaba a las palas en la playa, en verano del 96 y un catálogo de la UP que su madre tenía en casa. Casi por arte de birlibirloque y sin saber muy bien de qué iba, se matriculó en Iniciación a la danza y todo cambió, se abrió una puerta casi sin que ni él mismo lo supiera y apareció un mundo, el de las artes escénicas. No era una puerta, era un portón.

Este chico tímido que se transforma por el simple hecho de hablar de danza, hizo su primer curso con Elena Reales y continuó su formación en la escuela de Estrella García, que también fue profesora de la UP. Su afición fue intensificándose y simultaneó sus estudios de Magisterio por la especialidad de Educación Física con las clases de danza, hasta tal punto que terminó la carrera en Madrid para poder acceder a cursos que aquí no había. A partir de 1999 proyecta su formación fuera de Asturias, por ejemplo en Barcelona o Viena (ImpulzTanz). Posteriormente se incorpora a Zigzag Danza, la compañía que dirige Estrella García, su vida profesional ya estaba encarrilada aunque valoraba la posibilidad de marchar de Asturias a un lugar donde estuviera más desarrollado este ámbito de las artes escénicas. Tras un curso con el senegalés James Carlès que le transmitió la importancia de quedarse y hacer proyectos en lugares periféricos, decide permanecer en Asturias. Eso le empujó, junto con Estrella García, a desarrollar desde su compañía,  un proyecto porque entendieron que aquí podían hacer una gran labor creando infraestructuras inexistentes.

En la UP empezó dando algún curso de verano y a partir de 2007 se hizo cargo de todos los cursos de danza contemporánea. También imparte cursos de danza para mayores y otros dirigidos a personas con capacidades diversas. «Cuando hablas con gente de otros sitios como Alemania o Austria, intento explicar lo que es la UP y se sorprenden bastante porque es un proyecto inclusivo y una iniciativa pública, me enorgullece formar parte de un proyecto así, sin límites de edad y con clara vocación de desarrollo de las sensibilidades artísticas». Cree que la importancia de los cursos es vital, porque «no se trata solo de lo que las personas aprenden, cambian la forma de ver las cosas, de ver la vida, de ver su propio cuerpo, empiezan trabajando con su reflejo en el espejo y a fin de curso trabajan desde su propia conciencia».

Es intérprete y director de escena en su compañía, programador en el espacio escénico El Huerto y profesor tanto en la UP como en su academia. También forma parte del Taller de danza Kaos. Con un perfil muy completo nos cuenta que «el hecho de reciclarte como docente formándote y viendo continuamente espectáculos te equilibra y te permite estar situado, estar centrado, saber dónde estás, lo que estás haciendo y lo que quieres hacer».

Le gusta la danza contemporánea y dentro de esta fue construyendo un estilo propio en el contexto de su compañía de danza, «Zigzag creó su propio estilo, cercano a la danza teatro (la tanztheater de Pina Bausch), donde el movimiento  en el espectáculo es tan importante como el vestuario, la iluminación, la coreografía, todo debe estar equilibrado».  Estuvo implicado en quince montajes de la compañía, solo como director, en Aupapá, «lo paso fatal fuera del escenario». Aunque son importantes pues «todos tienen su propia vida pero el que más me toca es Portrait porque es muy personal, lo dirigí, hice la coreografía y lo interpreté yo solo, es una pequeña autobiografía, mi experiencia tras diez años en la compañía, por qué elegí esto, por qué me subo a un escenario a exponer mi intimidad, mi mundo interior, cuáles son mis motivos, etc.».

Miguel habla de la necesidad de dar una visión aperturista de la danza que acompañó al ser humano, hombres y mujeres, desde el principio de los tiempos. La visión típica del ballet clásico es muy reduccionista, la danza es mucho más y quiere transmitir eso, acabar con algunos estigmas sobre masculinidad y danza. También habla de cómo se va creando público poco a poco y cómo en tiempos de crisis es un buen momento para volver a la esencia y soltar el lastre de todo lo superfluo, un buen momento para volver al origen de las cosas, «al plantearte si continuar, redescubres las motivaciones, lo que te empuja a seguir, es volver a empezar pero con una experiencia de quince años».

Como los  grandes bailarines, Miguel va sobrado de técnica y es genial por su pasión. ¡Qué empiece el espectáculo!

 

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Hablar de Estrella García (Urbiés, 1964) es hablar de danza contemporánea. Empezó a dar clases en la UP el segundo año que se programó, fue en el antiguo colegio Asturias y después en el Antiguo Instituto. Tenía 21 años y vivió esa experiencia con intensidad porque «para mi fue un proyecto tremendamente ilusionante, era una alternativa real a todo lo que había». Define el proyecto UP como asambleario «se debatía durante horas sobre qué hacer y cómo,  se hacían equipos de trabajo».  Durante ese tiempo creó un grupo amateur de danza que ya cumplió los 25 años, el Taller de Danza Kaos.

Ahora, otra ciudad, otros tiempos, Estrella ve un cambio en el perfil del alumnado, antes había gente mucho más joven y ahora tienen menos presencia. Probablemente sea porque antes había menos oportunidades educativas.

Trabajar con personas adultas le permitió evolucionar y crecer profesionalmente, fue un impulso para crear espacios de enseñanza, también fuera de la UP, más allá de la educación en la infancia, su academia es un ejemplo.

Su inquietud la llevó a ir buscando más formación. En los años ochenta la danza contemporánea era incipiente en España. Acudió a escuelas en el extranjero: Francia, Austria, EE.UU., Canadá, etc., pero su periplo no la hizo renunciar a buscar un camino para la danza en Asturias: Estrella García es un referente y una luchadora que hundió sus raíces en la tierra y sigue batallando por crear, difundir y enseñar «en Asturias he entregado ya hasta la sangre».

Su visión es rompedora, ajena al academicismo pero rigurosa. Pretende acabar  con los tópicos porque «el ser humano siempre ha bailado». Cree que la danza es patrimonio de la humanidad, que no debe ser elitista y que debería ser más accesible, estar más normalizada y tener presencia en los centros educativos. «La danza  nutre psíquica y físicamente, tiene gran valor como afición, una educación rica en el apartado artístico es importante, en la infancia permite aprender a dar valor a las cosas que se consiguen con esfuerzo».

Aborda todos los campos: docencia, actividad artística y también programación. En este sentido, y bajo el auspicio de su centro de danza, puso en marcha el Huerto, un espacio escénico pequeño y acogedor donde ver espectáculos y aprender a ser espectador: normas, respeto, todo ello desde un punto de vista pedagógico y desde la cercanía. En cuanto a la actividad artística, su compañía, Zigzag Danza, está creando proyectos fuera de España, con otros socios europeos o en Latinoamérica. «En España es complicado producir y poder amortizar con funciones, son tiempos malos para todo pero especialmente para el sector de arte dramático, y más desde la subida del IVA que fue nefasta» afirma Estrella, y dentro de este sector, peor aún para la danza.

Se hizo una apuesta importante y «el público de contemporánea es básicamente alumnado de la UP, un proyecto progresista que rompió moldes», nos cuenta.

Estrella rompe moldes cada día de su vida y desde luego, la danza en Asturias, sin ella, no sería lo mismo.

Si Idoia Ruiz de Lara (Madrid, 1982) fuera una de las máscaras griegas, sería sin duda la sonriente. Licenciada en Interpretación en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático) y máster en artes escénicas, dirige las clases de teatro de la Universidad Popular desde el año 2012 y lo hace con pasión, conociendo «el otro lado» puesto que también fue alumna de teatro en esta casa.  

El teatro  es su mundo, formó parte de su vida desde que nació y fue asimilándolo como parte de su esencia «de forma natural, no recuerdo haber pensado en otra opción profesional». Cuenta con todo el apoyo, con la comprensión de unos padres que por ser buenos conocedores de ese mundo, no dejaron de vivir su evolución con miedo debido a la inseguridad de un sector que lo pone muy difícil.

Fue actriz del Centro Dramático Nacional con un papel en Divinas Palabras de Valle Inclán,  estuvo de gira por toda España y en Nueva York. Su inquietud y amplia formación en teatro gestual y de máscaras que la llevó a Francia o Italia no impiden que vuele con los pies pegados a la tierra y comprenda la importancia del teatro amateur, el teatro como afición en la vida de las personas.

Como alumna de UP que fue, considera que es «algo muy gratificante, encuentras un espacio para ti, para desarrollar habilidades y adquirir conocimientos, es muy motivador y permite el crecimiento personal».  También destaca el trabajo grupal y todo lo que se puede aprender de los compañeros que aportan otras perspectivas y otros procesos diferentes.  Fue  su primer aprendizaje que le aportó una base muy sólida y supuso el inicio de su carrera.  Como profesora vuelve a utilizar el adjetivo gratificante y nos cuenta que a medida que avanza cada vez está más entusiasmada porque la docencia le permite mejorar cada día. «Hay gente muy diversa lo que resulta muy enriquecedor, mi mayor objetivo es que la gente disfrute con las clases y que salgan con ganas de más». Se siente bien enseñando y nos cuenta que desarrolla mucho su creatividad. «Dar clases requiere mucha energía, relacionada con la implicación pero cuando acaba la tarde y ves que salió bien, que la gente respondió, es un subidón, te vas para casa con una sonrisa puesta».  Idoia, y citamos a Javier Almuzara, también cree que «en la seducción de los entusiasmos y en la transmisión de conocimientos con pasión que sustituye la retentiva», mejora el proceso de enseñanza porque haces tuyos esos conocimientos.

Considera que la UP es una gran oportunidad para poder acceder a muchas disciplinas y conocimientos, que es una forma de acercarse a la ciudadanía, tanto si es algo puntual, como si pasa a formar parte de la vida de las personas. Permite a la gente abrirse a nuevas materias, abrir puertas a nuevas vivencias, también puede ser una forma de complementar alguna parte de tu formación, o ser un apoyo en un momento complicado que te ayuda a gestionar tu vida y tus emociones.

Comedia y tragedia se funden cada día mientras la sonrisa de Idoia ilumina los pasillos del Antiguo Instituto, camino del taller de teatro.

Elena Reales es profesora de danza. Lo lleva siendo ya muchos años desde que empezó a colaborar en los talleres de danza y creación que impartía Estrella García. Más de quince años hace ya de esto y de colaboradora pasó a ser profesora de este taller de danza dirigido a personas con discapacidad psíquica. Algunos años después también se hizo cargo de los cursos de danza contemporánea.

La discapacidad es un tema muy presente en la vida de Elena del que aprende continuamente y que le aporta muchísimas satisfacciones porque, entre otras cosas, ver la evolución de algunas personas es emocionante. Imparte también danza en la Escuela de arte para personas con discapacidad Alarde. Infatigable, participa con su alumnado en actos solidarios, festivales y otras galas dando visibilidad a la diversidad y a la importancia de la educación en nuestras vidas.

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Durante una clase abierta de Danza y creación en el Centro de Cultura Antiguo Instituto

Formada en el Conservatorio de Danza de Madrid y en otras escuelas de Barcelona, Nueva York, Costa Rica, etc… bailó en la compañía de Fernando Hurtado y también en el Taller de Danza Kaos.  Sus primeros pasos fueron de ballet clásico en el Joven Ballet Concierto de Madrid dirigido por Ana Lázaro, después ya se centró en la danza contemporánea y en la danza para la vida. Su actividad profesional está muy vinculada a los medios de comunicación donde viene desempeñando labores de presentadora y de producción. Entre otros medios trabajó en la TPA.

Considera que la UP es no solo un lugar de encuentro y formación, también tiene un papel muy importante como creadora de públicos para las artes escénicas. Personas que acuden a los espectáculos que se ofrecen en la ciudad y que cada vez son más exigentes, más expertas.

La experiencia en la UP es para ella un camino y una forma de vida. Trabajar con personas adultas requiere mucha paciencia «por todo lo que dan, por todo lo que ofrecen». La docencia en una institución como la UP «me ha motivado a aprender un montón de cosas, entre ellas sobre la discapacidad, es un incentivo para seguir formándome y aprendiendo».  Cada cual llega con unos problemas, unas expectativas y «se trata de que experimenten la danza y la usen para lo que la necesiten en su vida cotidiana».  Elena comenta que la UP le ha aportado una enseñanza para la vida porque aprendes a «aceptar a las personas por lo que son, no por lo que yo quiero que sean».

Todos los viernes tiene una cita ineludible en el Centro de Cultura Antiguo Instituto con el curso de danza y creación. Esperamos que siga siendo así por mucho tiempo.

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Con una alumna de Danza y creación en una de sus actuaciones

Estuvimos con Marta Sureda y Carlos Martínez de Irónico Teatro, nuestro grupo más laureado con su obra “Cenizas en las manos” (Laurent Gaudé) dirigida por Felipe Ruiz de Lara. Acaban de llegar del XXIII Festival de la Villa de Navalmoral donde recibieron seis de los ocho galardones que otorga este certamen de teatro aficionado: mejor actor principal (Jorge Fandos), mejor actriz de reparto (Ana García), mejor actor de reparto (Carlos Martínez), mejor dirección y mejor puesta en escena (Felipe Ruiz de Lara) y mejor montaje (Irónico Teatro). Tanto galardón no hace más que consolidar este colectivo surgido en el taller de dramaturgia práctica. Su amor por el teatro es, en definitiva, lo que impulsa cada uno de sus pasos. 

Componentes de Irónico Teatro posan junto al director de la obra, Felipe Ruiz de Lara, con los premios obtenidos.
Componentes de Irónico Teatro posan junto al director de la obra, Felipe Ruiz de Lara, con los premios obtenidos.

Irónico teatro nace en respuesta a una inquietud, la de llevar su obra más allá de las aulas de la UP, necesitaban comprobar si su trabajo gustaba, llegar a otros públicos. Así fue como crearon el grupo en 2011, con ilusión y tesón, y así fue como empezaron a cosechar los frutos de su trabajo.

Tanto Marta como Carlos coinciden en destacar la importancia de la Universidad Popular para una ciudad como la nuestra, por la variedad de contenidos, por la metodología participativa y por la posibilidad de conocer gente que a su vez está en otros cursos y acceder a nuevas propuestas culturales. Según sus propias palabras, la UP “crea un entramado cultural muy interesante, un abanico cultural amplio y participativo. El hecho de la continuidad en los cursos facilita mucho que las relaciones personales perduren en el tiempo”. Creen que el trabajo realizado en  los treinta años de teatro en la UP es fundamental para la formación de actores y actrices aficionados, para personas que dieron el salto a una formación profesional y también para la creación e incremento de públicos para las artes escénicas. Consideran muy positiva la existencia de un itinerario que permite formarse desde iniciación hasta niveles en que se puede participar en una obra de teatro e incluso llevarla más allá de la UP. La experiencia de “Cenizas en las manos” fue muy motivadora para alumnado de otros niveles porque ven que pueden llegar y hacer cosas muy interesantes.

Hablan con mucho cariño de su profesor y director, Felipe Ruiz de Lara porque “supo inculcar el amor por el teatro, el afán de superación; acababas el curso y sabías que ibas a volver a matricularte, querías continuar. Las dinámicas que introducía en el aula eran muy participativas y nadie quedaba fuera, todo el mundo se integraba y los niveles de exigencia eran asumibles, adaptados a cada cual. También había una parte teórica muy importante, las obras, sus autores, su vida y sus circunstancias”.

Nuestros Irónicos destacan de su paso por el Festival de Navalmoral,  la sorpresa por los premios recibidos y haber podido conocer y convivir con otros grupos de teatro.

Desde la UP os deseamos larga vida y nuevos proyectos regados con ese amor que sentís por el teatro. Los galardones seguirán llegando seguro porque vuestro trabajo es formidable.

Jorge Fandos, Marta Sureda y Felipe Ruiz de Lara recogen el premio al mejor montaje en el Festival de Navalmoral.

Jorge Fandos, Marta Sureda y Felipe Ruiz de Lara recogen el premio al mejor montaje en el Festival de Navalmoral.