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Archivos Mensuales: mayo 2014

María MartínezMaría Martínez Rodríguez, licenciada en Químicas por la Universidad de Oviedo siempre se dedicó a la enseñanza. Finalizó sus estudios en los 80, en unos años también difíciles, con la crisis industrial acuciándonos y con mucho paro en la ciudad. Al acabar la carrera, junto con unos amigos abrió la academia Rosario Acuña en el barrio de La Arena, dedicada a dar  clases particulares a alumnado de Primaria y Secundaria. En la misma época se integra en el Equipo Promotor de la Universidad Popular y  junto a otros componentes hace un estudio de las demandas educativas de los gijoneses, labor realizada previamente al diseño de la primera oferta formativa que programó la UP en enero de 1982. A continuación pasa a hacerse cargo de alguno de los ocho cursos de Cultura General de la primera oferta.  Nos cuenta que el alumnado era mayoritariamente amas de casa que por diversas razones no habían estado escolarizadas, aunque  también acudía algún hombre y no se olvida de Pedro Rosón que empezó a asistir a cursos de Cultura General ya octogenario y continuó con Naturaleza, Historia…Tiene muy buen recuerdo del alumnado. «Se trataba de personas muy agradecidas que te trataban como a una hija. A veces, el aprendizaje resultaba muy complicado para algunas personas mayores». «Se veía muy claro el papel que cumplía la UP al atender esas necesidades,  que quizá ya no existan, pero que en los años 80 era muy necesario». Destaca el aspecto socializador que ejercía la UP en aquella etapa, pues todos los viernes tenían lugar en la Sala de Encuentros actividades culturales comoconferencias, exposiciones, tertulias literarias,  proyecciones…a las que acudían sus participantes.

Fue profesora de UP hasta que en octubre de 1988, obtuvo una plaza como interina para Secundaria en el instituto de Pravia. Posteriormente aprueba las oposiciones y empieza el típico periplo por los institutos de Candás, Vegadeo, Roces hasta que llegó a Villaviciosa donde estuvo 17 años. En la actualidad, da clases en el Calderón de la Barca de Gijón.

Reconoce que la enseñanza le gusta, los adolescentes «dentro de un orden…»,  piensa que están demasiado protegidos y eso les dificulta madurar. De su profesión lo único que no le gusta es tener que decidir quién aprueba o quién suspende, sabe que es una labor ineludible y tampoco le gustaría delegarla.

Aparte de su faceta profesional, María es una persona comprometida con muchas causas. En el año 76 se trasladó a Bilbao y  entró en contacto con el movimiento feminista, al cabo de unos años regresó a Gijón y se unió a AFA (Asociación Feminista de Asturias), además  participó en la política activamente desde partidos de izquierda y desde su fundación en  el 85 colaboró con Radio Kras, primero dirigiendo el programa de índole feminista Pisa Morena y más tarde el magacín A Contracorriente. En el 2010 deja la radio, pues necesita tiempo para dedicar a su madre. Ahora, en el día en que estaba en la radio hace las cosas que no pudo durante 25 años; pasea por el Muro, va a conferencias…«Es el primer año en estado “pasivo”, no sé cuánto me durará, estoy pensando en retomarlas cuando me jubile».

Desde aquí te decimos que no esperes demasiado pues personas como tú son muy necesarias.

José Manuel Menéndez, Felisa Soria, María Martínez y Antonio Bernardo

José Manuel Menéndez, Felisa Soria, María Martínez y Antonio Bernardo

 

miguel aire 2Miguel Quiroga (Gijón, 1978) comenzó en la danza casi por casualidad, un desafío mientras jugaba a las palas en la playa, en verano del 96 y un catálogo de la UP que su madre tenía en casa. Casi por arte de birlibirloque y sin saber muy bien de qué iba, se matriculó en Iniciación a la danza y todo cambió, se abrió una puerta casi sin que ni él mismo lo supiera y apareció un mundo, el de las artes escénicas. No era una puerta, era un portón.

Este chico tímido que se transforma por el simple hecho de hablar de danza, hizo su primer curso con Elena Reales y continuó su formación en la escuela de Estrella García, que también fue profesora de la UP. Su afición fue intensificándose y simultaneó sus estudios de Magisterio por la especialidad de Educación Física con las clases de danza, hasta tal punto que terminó la carrera en Madrid para poder acceder a cursos que aquí no había. A partir de 1999 proyecta su formación fuera de Asturias, por ejemplo en Barcelona o Viena (ImpulzTanz). Posteriormente se incorpora a Zigzag Danza, la compañía que dirige Estrella García, su vida profesional ya estaba encarrilada aunque valoraba la posibilidad de marchar de Asturias a un lugar donde estuviera más desarrollado este ámbito de las artes escénicas. Tras un curso con el senegalés James Carlès que le transmitió la importancia de quedarse y hacer proyectos en lugares periféricos, decide permanecer en Asturias. Eso le empujó, junto con Estrella García, a desarrollar desde su compañía,  un proyecto porque entendieron que aquí podían hacer una gran labor creando infraestructuras inexistentes.

En la UP empezó dando algún curso de verano y a partir de 2007 se hizo cargo de todos los cursos de danza contemporánea. También imparte cursos de danza para mayores y otros dirigidos a personas con capacidades diversas. «Cuando hablas con gente de otros sitios como Alemania o Austria, intento explicar lo que es la UP y se sorprenden bastante porque es un proyecto inclusivo y una iniciativa pública, me enorgullece formar parte de un proyecto así, sin límites de edad y con clara vocación de desarrollo de las sensibilidades artísticas». Cree que la importancia de los cursos es vital, porque «no se trata solo de lo que las personas aprenden, cambian la forma de ver las cosas, de ver la vida, de ver su propio cuerpo, empiezan trabajando con su reflejo en el espejo y a fin de curso trabajan desde su propia conciencia».

Es intérprete y director de escena en su compañía, programador en el espacio escénico El Huerto y profesor tanto en la UP como en su academia. También forma parte del Taller de danza Kaos. Con un perfil muy completo nos cuenta que «el hecho de reciclarte como docente formándote y viendo continuamente espectáculos te equilibra y te permite estar situado, estar centrado, saber dónde estás, lo que estás haciendo y lo que quieres hacer».

Le gusta la danza contemporánea y dentro de esta fue construyendo un estilo propio en el contexto de su compañía de danza, «Zigzag creó su propio estilo, cercano a la danza teatro (la tanztheater de Pina Bausch), donde el movimiento  en el espectáculo es tan importante como el vestuario, la iluminación, la coreografía, todo debe estar equilibrado».  Estuvo implicado en quince montajes de la compañía, solo como director, en Aupapá, «lo paso fatal fuera del escenario». Aunque son importantes pues «todos tienen su propia vida pero el que más me toca es Portrait porque es muy personal, lo dirigí, hice la coreografía y lo interpreté yo solo, es una pequeña autobiografía, mi experiencia tras diez años en la compañía, por qué elegí esto, por qué me subo a un escenario a exponer mi intimidad, mi mundo interior, cuáles son mis motivos, etc.».

Miguel habla de la necesidad de dar una visión aperturista de la danza que acompañó al ser humano, hombres y mujeres, desde el principio de los tiempos. La visión típica del ballet clásico es muy reduccionista, la danza es mucho más y quiere transmitir eso, acabar con algunos estigmas sobre masculinidad y danza. También habla de cómo se va creando público poco a poco y cómo en tiempos de crisis es un buen momento para volver a la esencia y soltar el lastre de todo lo superfluo, un buen momento para volver al origen de las cosas, «al plantearte si continuar, redescubres las motivaciones, lo que te empuja a seguir, es volver a empezar pero con una experiencia de quince años».

Como los  grandes bailarines, Miguel va sobrado de técnica y es genial por su pasión. ¡Qué empiece el espectáculo!

 

Julio Gónzalez Fernández nació en Avilés en 1957, más conocido como Gilsanz, es uno de los guitarristas más relevantes del panorama asturiano.

Su formación musical se inicia cuando a los doce años recibe sus primeras lecciones de solfeo y guitarra del violinista Luis Magín aunque su afición comienza antes pues cuenta que le llamaba la atención el sonido que escuchaba en los discos de Manuel Cubedo y Carlos Gardel que su padre ponía los domingos y así, para practicar, se hizo una guitarra de cartón y la siguiente se la trajeron los Reyes.

A finales de los sesenta, un día escucha en la radio a Django Reindhart y empieza su atracción por la guitarra acústica. «El rock llegó más tarde» dice. Influenciado primero por los Beatles  y luego por los discos que le iban pasando de Led Zeppelin, Jimmy Hendrix y Eric Clapton, aprendió a tocar sus canciones destrozando vinilos a base de ponerlos una y otra vez.

En los 70, forma su primer grupo Barbacoa, que con el tiempo se convertirá en Trafalgar. Más tarde tocó con Grisú. Compró su primera Stratocaster, en una tienda de electrodomésticos pues de aquella no había tiendas de música, que tardó tres años en pagar pues costaba cincuenta y ocho mil pesetas  de las de entonces.

Se matriculó en Minas que abandonó cuando decidió que lo suyo era la música y marchó a Madrid a estudiar en el Conservatorio y a tocar para autofinanciarse.

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Después de un parón por hacer la mili volvió a Madrid. Un amigo suyo envió unas cintas a la compañía Guimbarda y, aunque no le grabaron un disco, le pusieron en contacto con Vainica Doble que necesitaba un guitarrista y a partir de ahí cambia su suerte pues toca con Hilario Camacho, Sabina, Aute y sobre todo con Ramoncín con el que tuvo la oportunidad de grabar en los mejores estudios de Inglaterra. Fue en estos años cuando conoció a Brian May, guitarrista de Queen, con el que hizo un solo inolvidable y también compartió escenario con Gary Barnacle saxofonista de grandes intérpretes como Tina Turner, Paul Mc Cartney y otros.

Corren los 90 y decide abandonar Madrid para instalarse en Asturias «volví buscando calidad de vida». En esta época, mientras daba clases de guitarra, algo que nunca ha dejado de hacer, probó suerte como hostelero. «La Mercería era un bar de Galiana con una filosofía particular, la de ser un sitio para la buena música».

Formó el grupo The Mejores para componer sus propios temas, produjo el disco de la banda de heavy metal Marvel, tocó en la orquesta  Los Archiduques y entra en Los Berrones con los que sigue en la actualidad.

Ha colaborado también con Xulio Antidio, Chus Pedro, Pipo Prendes, Coral Polifónica Gijonesa Anselmo Solar, Danny Daniel y  Martha Reeves, entre otros muchos.

En 1995 comienza su etapa en la UP como profesor de eléctrica y posteriormente de acústica.

«Me gusta enseñar porque lo de dar clases tiene su rollo aunque cuando empecé no tenía ni idea. Al principio seguía la programación que había preparado pero dada la heterogeneidad de los grupos tenía que ir adaptándola a los intereses y expectativas del alumnado. Es una experiencia enriquecedora de la que se aprende mucho y que además me ha servido para hacer amistad con gente muy diversa con la que sino no me hubiera encontrado».

Actualmente toca también en la banda J Hidden, en Bloody Mary, en la suya propia Julio Gilsanz Blues Band, en Blackbird y en The Logical Dream que se presenta en la Sala Acapulco de Gijón el próximo 23 de mayo para rendir tributo a Supertramp.

¡Maneras de vivir hay muchas y la que tú elegiste es una de las mejores!

Licenciada en Psicología, sexóloga, experta en mediación familiar y en Psicopatología y salud, Pilar Sampedro (Obe- Ribadeo, 1968) es un buen ejemplo de formación permanente. Ansía aprender y es una buena comunicadora que impartió cursos y talleres a mujeres, adolescentes, en ámbitos profesionales tanto educativos como sanitarios, etc. Su bagaje como formadora es abrumador y ahora mismo, aunque sigue impartiendo cursos, está más centrada en el ámbito de la Psicología clínica.

Involucrada en el feminismo y las cuestiones de género desde los años ochenta, no percibe tanto una involución en aspectos relacionados con la igualdad como que a veces somos muy optimistas cuando pensamos que educando y sensibilizando se van a cambiar las cosas muy rápido, «quedan marcas del pasado difíciles de abordar en tan poco tiempo como para modificar algo tan estructural, tan vinculado con las identidades y con los afectos».

Su primer contacto con la UP fue en su etapa de estudiante de Psicología, a finales de los ochenta. Hizo cursos de animación sociocultural y dinámica de grupos que le interesaban tanto por la relación con sus estudios como por sus trabajos, ya entonces, como monitora. Diez años después comenzaría a dar cursos relacionados con la violencia de género y posteriormente impartiendo cursos de Psicología, que es de los que se encarga en la actualidad.

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Considera que los cursos de la UP pueden ser muy válidos, entre otras cosas, desmontando algunos mitos de la Psicología positiva, de los libros de autoayuda «porque hay algo perverso al decir que cambiando el pensamiento se pueda mejorar, las personas llegan con este discurso a los cursos, quieren respuestas, algo que cambie su vida». Pretende amortiguar eso en los cursos, hacer entender que eso son herramientas pero que es necesaria la vuelta a lo social y que por mucho que cambies tus pensamientos, si sigues siendo una isla, es complicado. «Todos buscamos respuestas al malestar, al generado por el modelo social, al generado por la propia negación de que hay momentos en que es inevitable sentirse mal, sentir dolor». Le preguntamos si la crisis está relacionada con el empeoramiento de la salud mental y responde tajante «sí, totalmente, la crisis genera muchos efectos indeseables en la psique colectiva y en la individual: miedo, desesperanza, ira, agresividad, una desestructuración en la persona».

Para Pilar la función de los cursos es la de ayudar a despertar a las personas y hacerlas entender que sus dificultades están muy relacionadas con los vínculos, con las relaciones afectivas, etc. «El vínculo social crea estructura y ayuda a reducir el dolor y la desesperanza, ese vínculo puede tomar muchas formas pero en todo caso, el sentido, el motivo, está en lo colectivo».

Su visión de la UP es clara y aunque fue cambiando en variedad de contenidos y adaptándose a una sociedad también cambiante cree que «mantiene su filosofía original, la de abrir puertas, apasionar, crear lazos sociales». Ve la UP como una urdimbre que se integra en la ciudadanía, que genera participación social, que hace que la gente salga de su casa y se encuentre con otras personas de su ciudad. «Además de la función educativa, su gran valor está en la participación social, la gente lo estima, te cuenta que conocieron otro mundo, escucharon otras voces, es un acceso al ejercicio de la ciudadanía y esos vínculos son ahora más necesarios que nunca».

En esas seguimos Pilar, buscando respuestas en lo colectivo y con personas como tú las encontramos cada día.