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Archivos Mensuales: marzo 2014

Se abre la caja de Pandora y empiezan a salir, además de una ligera brisa fresca,  virutas de colores, rayos catódicos y notas musicales. Estamos con Las CasiCasiotone  (LCC),  Uge Pañeda (Gijón, 1980) y Ana Quiroga (Mieres, 1985) que pronto presentarán su primer disco, d/evolution. Verá la luz el 26 de mayo con la discográfica austriaca Editions Mego , un prestigioso sello especializado en música electrónica. Ellas diseñan las portadas y  la página web implicándose en todo el proceso creativo en el que dan mucha importancia a la imagen porque forma parte del concepto que está detrás de cada proyecto.   Lo presentarán en el próximo LEV «nos hace mucha ilusión que sea en  Gijón». Acaban de recibir  el AMAS de música electrónica «está muy bien sentir el apoyo popular, te sientes arropada» y el Villa de Bilbao «lo ganamos compitiendo con otros estilos mejor posicionados en un premio prestigioso  y con un jurado muy potente». Están pletóricas, en el mejor momento de su carrera y llevan un ritmo trepidante. LCC_1 Tienen cinco o seis casiotone en casa, una consola Nintendo, un sintetizador  analógico en una caja de puros que les dio más de un disgusto en algún aeropuerto y que ya no utilizan. Así comenzaron, casi sin recursos, «la música electrónica sale ya pulida y tiene mucho mérito la gente que casi sin medios logra buen sonido». Luego, poco a poco fueron invirtiendo sus ahorros y equipándose, curtiéndose en unos directos arriesgados en los que tocan todos los instrumentos que pueden «es más atractivo visual y musicalmente, supone una superación personal y creemos que la gente lo valora».  Preparar un directo es para LCC todo un proceso creativo que disfrutan mucho  y casi siempre compusieron pensando en las sesiones de los festivales en que participaban. Ahora la cosa cambia, hay canciones grabadas y el proceso se invierte, deben desestructurarlas  para ver cómo las presentan en directo. Usan el Ableton, un programa que aprendieron a manejar en los cursos de la UP con Lluisfer Caso al que describen como «muy buen profesor, didáctico y entregado que tiene el  don de escuchar una canción y en dos segundos sacar las notas». Los cursos de la UP les brindaron conocimientos técnicos y  relación con personas que comparten sus intereses, con las que mantienen el contacto,  que se asesoran y apoyan  resolviendo las dudas en colectivo.

Aunque la gente de electrónica es  muy individualista, ellas no lo ven así: «hacemos un buen tándem, nos complementamos muy bien». Uge lleva más el peso de la parte compositiva «visualizas algo, dos o tres sonidos que pueden derivar en algo muy diferente» y a partir de ahí entran las dos de pleno en un proceso de continua experimentación con sonidos, voces, grabaciones de campo, etc.  Ana lleva más el peso del trabajo en Internet. «A veces trabajamos en paralelo  componiendo y atendiendo redes sociales al mismo tiempo». Creen que Internet facilitó su actual posición «podemos acceder al público, mostrar nuestro trabajo, saber lo que pasa, cultivarnos y aprender de otros artistas».

Puede que algún día las veáis, grabadora «peluda» en mano, en alguna estación de trenes o autobuses;  es porque participan en el proyecto Mapa Sonoru dirigido por Juanjo Palacios. También muestran sumo interés en proyectos didácticos que se desarrollan para público infantil y juvenil. Ana, maestra y Uge psicóloga, imparten talleres infantiles en los que trabajan aspectos como la alimentación, la escucha atenta y otros. Vamos, que no paran. ¡Ah! Y organizan el CasiMiniFest que este año será en el Café Dam el 1 de mayo.

No consideran significativo el hecho de ser de las pocas mujeres presentes en la electrónica, y especialmente en la experimental,  aunque son conscientes de la brutal brecha de género existente en las artes.  Imparables y decididas experimentan y saben qué sonidos quieren.  Lo hacen con la curiosidad que llevó a Pandora a abrir la caja y que a ellas las llevará a Laboral a presentar su primer disco el 3 de mayo en el LEV. ¡Enhorabuena!

 

El titular ya nos da pistas sobre su profesión, la de fotógrafa, una pasión que siente desde su infancia en la que el arte fue uno más de la familia. Su madre estudió historia del arte y su padre es arquitecto por lo que en su ambiente la convivencia con obras y artistas de la pintura y de la escultura fue, desde siempre, algo tan natural como respirar oxígeno. Cuando era pequeña en los viajes nunca faltó alguna visita especial a edificios singulares y disfrutó mucho de las dotes didácticas de su madre. «Fue una suerte inmensa».   

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Inicialmente se forma en la Escuela de Artes  y Oficios de Oviedo y tras recibir una beca se traslada a Nueva York para continuar su formación en el International Center of Photography y en el  Visual Arts School of Design para continuar en la École Nationale de la Photographie de Arlés, en Francia.

Trabaja en el estudio de Alan Kaplan, prestigioso fotógrafo publicitario, y también para Mary Ellen Mark, una de las leyendas de fotografía de reportaje, contemporánea.

Tras realizar diversos talleres de especialización y participar en exposiciones individuales y colectivas aterriza en Gijón, ciudad natal de su abuelo, y le hablan del proyecto formativo de la Universidad Popular; al haber impartido docencia en Nueva York y más tarde en Madrid ya sabe lo que es sentir el gusanillo de las clases y se embarca en múltiples cursos de la UP durante diez años (1997-2007): iniciación a la fotografía –analógica, claro-, el sistema de zonas, la iluminación en fotografía,… «El planteamiento de mis clases partía de la idea de que el alumnado sintiera pasión por la fotografía, lo que no siempre era así –claro-pero tampoco me importaba; daba a conocer a autoras y a autores de actualidad, en aquella época, a otros más clásicos y aunque, en determinados casos, era consciente de que algunas imágenes no se entendían lo que sí creo haber conseguido es infundir respeto por la imagen fotográfica».  Llegó a impartir seis horas diarias de clase de temáticas diferentes y a grupos diferentes; preparar las clases de historia de la fotografía, sobre el ensayo fotográfico, sobre el reportaje o sencillamente la iniciación, la cargaba de energía. Después en clase, observar las reacciones la enriquecía aún más. Impartió el último curso de fotografía analógica en 2005. La irrupción del mundo digital le produjo un fuerte impacto pero agradece haber estado impartiendo docencia en ese momento porque la colocó ante la tesitura de tener que renovarse, y superó el reto, pero la docencia ya no fue la misma. La clase se convirtió en la explicación del funcionamiento técnico de una máquina, «como quien explica el funcionamiento de una lavadora» pero dejó de haber reflexión fotográfica, crítica,… y esto trastocó el interés que la había llevado a impartir docencia durante tanto tiempo.  Lo intentó durante dos años pero finalmente, en 2007, decidió buscar otros derroteros.

«Tengo un recuerdo muy especial y le guardo un enorme cariño a la Universidad Popular. Aprendí mucho, me encontré con alumnas y alumnos entrañables y nunca olvidaré al equipo técnico del departamento en el que confié por su gran apoyo. Siempre me sorprendió, además, el trato tan personal, cariñoso y delicado que tenían con el alumnado de los cursos».

Actualmente Mercedes Blanco se dedica a la fotografía profesional. Se ha especializado en reportajes de celebraciones (bodas, comuniones,…) con un enfoque periodístico; se trata de reportajes de boda con una gran dosis de espontaneidad sin apenas intervención ni dirección.

Desde la UP vamos a “revelarte” a ti un secreto: en breve se presentará al público la Guía de la Fototeca de Asturias. Quizá no lo recuerdes pero en los fondos de esta fototeca están unas fotos que realizaste, sobre el mundo rural asturiano, para el Muséu del Pueblu d´Asturies.

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Foto: Mercedes Blanco

Ana Vega es artesana, y orgullosa de serlo. Su  vinculación a la UP comienza en 1982, con la primera programación de cursos.

Recuerda cómo en aquel momento, quizá  con el movimiento hippie, se revalorizaron las artesanías, y la UP se hizo eco programando un  taller de telar. «Empezamos con un curso corto, llevando mi bastidor de alto lizo debajo del brazo y programando hilado, teñido, alto lizo y bajo lizo. ¡Todo en 40 horas! ¡Arrasamos!  Fuimos siempre a más». Al comienzo del segundo curso, ya estaba montado el  taller en la Casa de Nava, con varios telares y mucha luz. Allí los cursos ya eran de 120 horas, centrados en cada técnica por separado. Y no estaban solos: había talleres de diseño, dibujo, pintura, cerámica, fotografía,… con los que intercambiar experiencias y poder hacer actividades conjuntas y  exposiciones.

Antiguo taller de telar de la UP en la Casa de Nava donde Ana impartió clases varios años.

Antiguo taller de telar de la UP en la Casa de Nava donde Ana impartió clases varios años. (Foto: Juan Carlos Tuero)

Para Ana Vega, uno de los mayores valores de aquella experiencia fue el cambio radical que supuso para muchas mujeres que se acercaban al taller con cierta afinidad con lo textil, aunque para ellas  tejer era sólo algo que tener entre las manos, porque – como algunas decían-«no sé estar delante la tele sin hacer nada».  Para esas mujeres, tejer pasó de ser una ocupación a convertirse en una actividad planificada y creativa, una opción individual, una forma de encontrar un tiempo para ellas. Además, también supuso  la incorporación de hombres a la artesanía textil.  «Me gusta enseñar y creo que soy buena enseñando, porque pretendo precisamente enseñar lo que sé, dar lo que tengo. Pero lo que más me interesa es la técnica, e investigar»

Su primer bastidor no era otra cosa que un marco recogido de la basura. Le puso unos clavos y empezó a  jugar con los hilos. Poco después, la casualidad hizo que una amiga le ofreciese un telar de bajo lizo de 80 cm de ancho. «Monté hilos como para hacer una pulsera y pisando los pedales y probando aprendí». Pero no bastaba. Por entonces, sólo encontró una tejedora en Asturias. Era Anita, y estaba en Villanueva de Oscos. Contactó por teléfono y le dijo que no. Entonces, cogió la bicicleta y en tres etapas se plantó allí, y no tuvo más remedio. Hicieron un trato, cuando Anita recibiera un encargo, colocaría en el telar unos metros más de urdimbre de los necesarios  para poder practicar una vez listo el encargo.

tel�fono1A partir de ahí, su necesidad de seguir aprendiendo la llevó a Madrid, porque sólo allí podía hacer cursos especializados.

A su regreso, se sumó al proyecto de UP como profesora de telar y siguió al frente hasta 1994. Continuó con su taller en Cimavilla y sus tejidos hasta que en 2003 recibe una invitación de la CEE para participar en el programa PAOF de cooperación internacional para poner en marcha dos escuelas de artesanía textil en Uruguay. Se embarcó hasta 2008 en la tarea de sistematizar los programas de enseñanza y las técnicas, buscar proveedores de materiales y elaborar los textos necesarios. Las dos escuelas siguen funcionando.

Su tiempo entre telares está parado pero sigue navegando entre lanas, en un mar de fieltro, con el que experimenta diferentes aplicaciones, destacando la bisutería en la que está trabajando actualmente.

A veces trama, a veces urdimbre, Ana va dejando a su paso una estela de colores, brillos y texturas difícil de olvidar.