Estrella García o la fuerza de la danza

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Hablar de Estrella García (Urbiés, 1964) es hablar de danza contemporánea. Empezó a dar clases en la UP el segundo año que se programó, fue en el antiguo colegio Asturias y después en el Antiguo Instituto. Tenía 21 años y vivió esa experiencia con intensidad porque «para mi fue un proyecto tremendamente ilusionante, era una alternativa real a todo lo que había». Define el proyecto UP como asambleario «se debatía durante horas sobre qué hacer y cómo,  se hacían equipos de trabajo».  Durante ese tiempo creó un grupo amateur de danza que ya cumplió los 25 años, el Taller de Danza Kaos.

Ahora, otra ciudad, otros tiempos, Estrella ve un cambio en el perfil del alumnado, antes había gente mucho más joven y ahora tienen menos presencia. Probablemente sea porque antes había menos oportunidades educativas.

Trabajar con personas adultas le permitió evolucionar y crecer profesionalmente, fue un impulso para crear espacios de enseñanza, también fuera de la UP, más allá de la educación en la infancia, su academia es un ejemplo.

Su inquietud la llevó a ir buscando más formación. En los años ochenta la danza contemporánea era incipiente en España. Acudió a escuelas en el extranjero: Francia, Austria, EE.UU., Canadá, etc., pero su periplo no la hizo renunciar a buscar un camino para la danza en Asturias: Estrella García es un referente y una luchadora que hundió sus raíces en la tierra y sigue batallando por crear, difundir y enseñar «en Asturias he entregado ya hasta la sangre».

Su visión es rompedora, ajena al academicismo pero rigurosa. Pretende acabar  con los tópicos porque «el ser humano siempre ha bailado». Cree que la danza es patrimonio de la humanidad, que no debe ser elitista y que debería ser más accesible, estar más normalizada y tener presencia en los centros educativos. «La danza  nutre psíquica y físicamente, tiene gran valor como afición, una educación rica en el apartado artístico es importante, en la infancia permite aprender a dar valor a las cosas que se consiguen con esfuerzo».

Aborda todos los campos: docencia, actividad artística y también programación. En este sentido, y bajo el auspicio de su centro de danza, puso en marcha el Huerto, un espacio escénico pequeño y acogedor donde ver espectáculos y aprender a ser espectador: normas, respeto, todo ello desde un punto de vista pedagógico y desde la cercanía. En cuanto a la actividad artística, su compañía, Zigzag Danza, está creando proyectos fuera de España, con otros socios europeos o en Latinoamérica. «En España es complicado producir y poder amortizar con funciones, son tiempos malos para todo pero especialmente para el sector de arte dramático, y más desde la subida del IVA que fue nefasta» afirma Estrella, y dentro de este sector, peor aún para la danza.

Se hizo una apuesta importante y «el público de contemporánea es básicamente alumnado de la UP, un proyecto progresista que rompió moldes», nos cuenta.

Estrella rompe moldes cada día de su vida y desde luego, la danza en Asturias, sin ella, no sería lo mismo.

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