Laura Castañón, tejedora de historias

LAURA CASTAÑON

Acaba de publicar su primera novela Dejar las cosas en sus días y no quisimos perder la oportunidad de compartir unos momentos con Laura Castañón, nuestra profesora de los Talleres literarios. Hay personas que da igual si dan clase o no, ya que su huella es imborrable. Nos habló de su experiencia como docente, de su experiencia como escritora y de los cambios que percibe en una UP que conoció en sus comienzos.

Su novela editada en Alfaguara era un proyecto  totalmente hedonista, escribía porque le apetecía contar esa historia, sin esperar en ningún momento publicarla. Decía a sus alumnos «publicar es muy difícil y ahora, en estos tiempos, añadiría que imposible». Pero se equivocó, un buen amigo, crítico literario, además de su familia, catapultaron su novela hacia la luz y ahora adorna escaparates de librerías de muchas ciudades y muchas personas visitan Bustiello tras leer su novela. La trama de su novela está inspirada en vivencias de la niñez, cuando pasaba con su madre por delante de la finca de los Pomar y comenzó a fantasear con la vida que se desarrollaba en la casa.

Impartió clases en la UP entre 1985 y 1993. Se reincorporó en 1996 hasta 2001 así que conoce bien su evolución desde unos tiempos casi míticos en los que se favorecía más la relación entre la gente ávida de cultura y se promovía el pensamiento crítico y una UP actual más diversificada, más especializada, que se va adaptando a las necesidades sociales actuales. Recuerda perfectamente los inicios y antiguos alumnos le hablan con mucho cariño de la UP y de «aquellos maravillosos años» que compartieron con las letras. Siente orgullo cuando alguno de sus alumnos publica pero también de aquellos que han encontrado el placer de la escritura, que lo hacen para pasárselo bien. Muchos de ellos le dicen que el hecho de escribir además les ayuda a leer mejor, de forma más consciente, con más criterio, de forma más analítica.

Laura, que también se dedicó a la radio, echa más de menos la docencia aunque reconoce que cuando imparte talleres no puede escribir porque «me vampirizan las historias ajenas».  La parte positiva es que a base de explicarlo, tiene tan interiorizado el método y los procesos, que le resultó bastante fácil componer su historia que,  para alegría de sus lectores, aún no ha finalizado.

Pues va a ser qué casi nada es imposible

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