Ana Isabel Heres González, entre pieles

Ana  Isabel es profesora de marroquinería en la Universidad Popular desde 1999.  Su infancia la pasó en Australia, lo que le hizo conocer una sociedad multicultural, donde aprendió otras costumbres de vecinos italianos, checos, griegos… A los 11 años regresó a Asturias para cursar estudios. Desde siempre canalizó su creatividad a través de las manos, desarrollando grandes habilidades. Lo del cuero le vino de una forma casual, cuando sus hijos fueron  un poco mayores se apuntó a un curso de marroquinería que ofrecía  la Concejalía de la Mujer de Luanco. Desde ese momento quedó seducida por esta artesanía y siguió formándose asistiendo a cursos que ofrecían los Ayuntamientos o de forma privada.  Para ella «el cuero es muy vicioso,  ponerme a hacer cuero es un placer y me relaja».

Coqueteó con las ferias de artesanía y la docencia le llegó dando cursos a las AMPAS.  Ahí es  donde se percata de que la enseñanza  «no está nada mal, me gusta un montón dar clases y el contacto con la gente».  Así que abandonó las ferias por la docencia.  Se siente una mujer privilegiada,  por poder trabajar en algo que le encanta. «Dando clase hay que ser un poco psicóloga, pues cada persona llega con su historia y terminas involucrándote. Al mismo tiempo son  muy exigentes con los conocimientos y la manera en que estos  se transmiten».  Preocupada por las nuevas formas de enseñanza, en colaboración con el alumnado  ha empezado a adentrarse en la edición de manuales en soporte digital que cuelga en You Tube donde muestra el proceso de elaboración de diferentes piezas realizadas durante los cursos.

Nos cuenta «que para dar clases hay que conocer la materia y saber tratar al alumnado. Las clases de cuero han de ser creativas y para ello hay que estar  a gusto y relajado». En sus clases no se habla ni de fútbol ni de política.

También le gusta investigar, ver nuevas posibilidades que va incorporando sucesivamente en las programaciones de UP.  En estos momentos cuando el reciclaje y el ahorro se imponen,  le parece muy interesante el  aprovechamiento de  los recortes sobrantes de cuero. Por ello,  se está adentrando en el patchwork  a través de manuales japoneses. Otro aspecto  que incorpora  es el teñido de las diferentes pieles con anilinas para obtener colores diversos  que aplicará en  sus diseños. «Jugar con los colores es una pasada».

Ana tiene otra pasión  mucho más arriesgada que la marroquinería: el montañismo. No se conforma con realizar paseos los fines de semana si no que se dedica a escalar montañas tan emblemáticas para nosotros como Peña Santa, Urriellu y muchas otras cimas más de Picos de Europa y Pirineos. Esta mujer inquieta puede llegar muy alto.

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